El vórtice polar se ha roto en dos: qué significa para España
Si lleváis semanas mirando el cielo pensando "¿pero cuándo para esto?", no estáis solos. Nueve borrascas con nombre en 45 días. Grazalema acumulando más de 2.000 litros por metro cuadrado desde enero. Embalses que han pasado de números rojos a desbordar. Y mientras tanto, en telediarios y redes sociales, una palabra que no para de aparecer: vórtice polar.
Unos dicen que viene otra Filomena. Otros, que no nos afecta. Ninguna de las dos cosas es cierta. Lo que sí ha pasado es que a principios de febrero de 2026 se confirmó un calentamiento súbito estratosférico que ha partido el vórtice polar en dos. Y aunque suene a algo lejano —ocurre a 30 km sobre nuestras cabezas—, tiene mucho que ver con que en León estén quitando nieve a paladas y en Cádiz sigan con 3.000 personas fuera de sus casas.
¿Qué es el vórtice polar?
Antes de hablar de lo que se ha roto, conviene entender qué es lo que estaba entero.
Sobre el Polo Norte, a altitudes de entre 15 y 50 km —en la estratosfera, bastante más arriba de donde vuelan los aviones comerciales (unos 10-12 km)—, existe una enorme circulación de vientos que gira en sentido contrario a las agujas del reloj. Dentro de esa circulación queda atrapado el aire más frío del planeta. Estamos hablando de temperaturas que pueden bajar de los -80 °C. Más frío que el invierno más crudo que se haya registrado jamás en la superficie terrestre.
¿Sabéis cuando ponéis agua en un vaso y la hacéis girar con la cuchara? El líquido se queda confinado gracias al movimiento circular. Si dejáis de remover, el agua se desparrama. Con el vórtice polar pasa algo parecido: mientras la circulación de vientos gira con fuerza, el aire gélido se queda arriba, confinado sobre el Ártico. La corriente en chorro (el jet stream, ese río de aire a 10.000 metros que marca por dónde pasan las borrascas) se mantiene más o menos recta a latitudes altas. Las borrascas atlánticas viajan rápido camino de Islandia, Noruega o Escandinavia. Y en España tenemos un invierno fresco pero llevadero: heladas en Teruel, algo de nieve en Pirineos y poco más.
El problema empieza cuando esa circulación pierde fuerza. Cuando alguien deja de remover el vaso.
Qué ha pasado en febrero de 2026
A principios de este mes, ondas de energía que se propagan verticalmente desde la troposfera —la capa baja de la atmósfera, la que respiramos, la que nos moja cuando llueve— alcanzaron la estratosfera y provocaron un calentamiento de una magnitud difícil de exagerar: la temperatura a 30 km de altitud, en el nivel de presión de 10 hPa, subió más de 50 °C en pocos días. Donde había -80 °C pasó a haber cerca de -30 °C.
Pensadlo un momento. 50 grados de subida en la estratosfera. Si eso pasara a nivel del suelo en febrero, pasaríamos de 5 °C a 55 °C en una semana. Es un evento violento, aunque invisible desde abajo.
Ese calentamiento tiene nombre técnico: Sudden Stratospheric Warming (SSW), o calentamiento súbito estratosférico. No ocurre todos los inviernos. Eventos mayores como este se dan, de media, una vez cada dos o tres años.
¿Pero por qué suben esas ondas desde abajo?
Esta es la parte que casi nunca se cuenta bien, y es la más fascinante.
La troposfera no es una capa quieta. Está llena de grandes ondulaciones —las ondas planetarias o de Rossby— provocadas por las cadenas montañosas (el aire choca con los Himalayas, con las Rocosas, con los Andes y se deforma), por el contraste térmico entre continentes y océanos, y por los propios sistemas de presión. Son ondulaciones enormes, de miles de kilómetros, que normalmente se quedan ahí abajo haciendo su trabajo sin molestar demasiado a la estratosfera.
Pero a veces, cuando varias de estas ondas se alinean de una forma concreta, consiguen propagarse hacia arriba y depositar su energía directamente en la estratosfera. Es como cuando empujas a alguien en un columpio: si empujas al ritmo correcto, la amplitud crece. Si las ondas troposféricas "empujan" la estratosfera al ritmo adecuado, el vórtice polar recibe un golpe energético que lo desestabiliza.
Y entonces puede pasar una de estas dos cosas:
- Se desplaza: el vórtice se mueve del polo hacia un lado, típicamente hacia Siberia o Canadá. Los efectos son asimétricos y moderados.
- Se parte en dos (lo que los meteorólogos llaman un split): el vórtice se rompe literalmente en dos lóbulos separados. Es el escenario más potente porque el aire frío se escapa por varias rutas a la vez hacia latitudes medias.
Lo que ha ocurrido en febrero de 2026 es un split. Dos núcleos bien diferenciados, uno desplazado hacia Norteamérica y otro hacia el norte de Eurasia, según los análisis de Severe Weather Europe y la monitorización de presión a 10 hPa.
De la estratosfera al suelo: por qué lo que pasa a 30 km acaba afectándote
Aquí viene la pregunta del millón. ¿Cómo puede algo que ocurre tan arriba decidir si necesitas el abrigo gordo para ir a trabajar en Valladolid o si va a nevar a 600 metros en Asturias?
La clave es que la señal baja, pero no de golpe. Tarda entre 2 y 6 semanas en recorrer la distancia que separa la estratosfera del suelo.
Funciona más o menos así: el vórtice estratosférico debilitado deja de sostener con firmeza la circulación polar. Esa pérdida de estructura se va propagando hacia abajo, capa a capa. Lo primero que se resiente es la corriente en chorro: en vez de fluir como un río relativamente recto de oeste a este, empieza a ondularse como una serpiente, con meandros cada vez más profundos. Esos meandros crean vaguadas que bajan mucho hacia el sur —arrastrando aire frío con ellas— y dorsales que suben mucho hacia el norte.
En paralelo, la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) tiende a entrar en fase negativa. En cristiano: el anticiclón de las Azores, que normalmente se planta en medio del Atlántico y actúa como portero de discoteca desviando las borrascas al norte, se desplaza o se debilita. Sin ese portero, la puerta queda abierta de par en par para que las borrascas atlánticas entren directamente en la Península.
¿Os suena? Porque es exactamente lo que hemos vivido este invierno: nueve borrascas en fila, el jet stream canalizado sobre España, el anticiclón de las Azores desaparecido y enero como el mes más lluvioso del último cuarto de siglo. El debilitamiento del vórtice no es la única explicación —las temperaturas del Atlántico, anormalmente altas, y el patrón La Niña también tienen su parte de culpa—, pero es una pieza clave del rompecabezas.
La Bestia del Este y Filomena: dos precedentes que conviene recordar
Para tener perspectiva sobre lo que puede pasar (y lo que probablemente no va a pasar), merece la pena echar la vista atrás.
Febrero de 2018: la Bestia del Este
En febrero de 2018 se produjo un SSW de tipo split muy parecido al que tenemos ahora. Uno de los lóbulos desplazó una masa de aire directamente desde Siberia hacia Europa occidental. El resultado fue brutal: temperaturas por debajo de -20 °C en amplias zonas de centroeuropa, nieve en Roma —algo que los romanos ven una vez cada generación— y, en España, un temporal de frío y viento con nevadas en puntos insólitos del litoral mediterráneo. Alicante, Murcia y la costa de Almería vieron nevar. El desfase entre el pico del SSW y la llegada del frío a las calles europeas fue de unos 10 días.
Enero de 2021: Filomena
Filomena es un caso aparte. No fue provocada directamente por un SSW, sino por la combinación de un vórtice ya debilitado, una borrasca que se profundizó en el Mediterráneo occidental y una inyección de aire muy frío desde el norte. Esa combinación tan específica dejó medio metro de nieve en Madrid —el centro de la Gran Vía, blanco— y -25 °C en Molina de Aragón (Guadalajara). Pero fue un evento extraordinariamente particular. La mayoría de perturbaciones del vórtice no generan una Filomena. Si cada split trajera una Filomena, tendríamos una cada pocos años, y no es así.
¿Y este invierno?
Cada colapso del vórtice es distinto. Lo que determina dónde pega el frío es la posición exacta de los lóbulos y cómo interactúan con los anticiclones de bloqueo. En 2026, los análisis apuntan a que el impacto principal del split se está concentrando en Norteamérica y el noreste de Europa, con la Península Ibérica en una posición más lateral. Nos llegan las borrascas y la lluvia, pero no el chorro de aire siberiano que sí está castigando al centro de Estados Unidos y a Escandinavia.
De hecho, AEMET ha descartado oficialmente una ola de frío certificada para lo que queda de invierno. Sería el tercer invierno consecutivo sin episodios gélidos extremos en territorio español. Pero ojo: "sin ola de frío" no significa "sin frío". Las heladas en el interior seguirán siendo frecuentes, las cotas de nieve pueden bajar puntualmente a 600-800 metros —como hemos visto con la borrasca Oriana, que ha dejado nieve a las puertas de León y Burgos— y las madrugadas en la Meseta seguirán pidiendo manta eléctrica hasta bien entrado marzo. Pero una cosa es despertarte a -5 °C en Teruel y otra una ola de frío de las que paralizan el país.
Qué podemos esperar en las próximas semanas
Los efectos del SSW de principios de febrero todavía se están propagando hacia la superficie. La ventana de posible impacto máximo va desde ahora hasta mediados de marzo. Es decir: aún estamos dentro del periodo en el que la perturbación estratosférica puede dar sorpresas.
La previsión estacional de AEMET para el trimestre febrero-marzo-abril indica una probabilidad superior al 60 % de que las temperaturas medias queden por encima de lo normal para la época. La tendencia general, por tanto, apunta a un final de invierno más templado de lo habitual.
Pero aquí viene el matiz: esa es una media. Y las medias esconden extremos. Si uno de los lóbulos del vórtice fragmentado se desplaza hacia Europa occidental en las próximas semanas, podríamos ver un episodio tardío de frío intenso y nieve a cotas bajas incluso en marzo. No es lo más probable, pero mientras la perturbación estratosférica siga activa, no se puede descartar. La prudencia, en meteorología, siempre es buena consejera.
Para seguir la evolución, en nuestro comparador multimodelo cruzamos las predicciones de ECMWF, GFS, ICON y otros. Cuando hay tanta incertidumbre como ahora, ver en qué coinciden los modelos y en qué discrepan es la forma más honesta de hacerse una idea de lo que viene.
¿Tiene algo que ver el cambio climático?
Es la pregunta que siempre sale, y en este caso la investigación apunta a una conexión que, aunque no está cerrada, resulta bastante contraintuitiva.
El Ártico se está calentando entre dos y cuatro veces más rápido que el resto del planeta. A este fenómeno se le llama amplificación ártica y lleva documentándose de forma consistente desde hace décadas. Al calentarse el Ártico, el contraste de temperatura entre el polo y las latitudes medias se reduce. Y resulta que ese contraste es precisamente el combustible que mantiene la corriente en chorro fuerte y al vórtice polar estable.
Menos contraste → jet stream más débil y ondulante → vórtice polar más vulnerable a perturbaciones.
Es decir: un planeta más caliente podría facilitar, paradójicamente, que masas de aire muy frío escapen del Ártico y nos lleguen a latitudes como la nuestra. No necesariamente con más frecuencia, pero posiblemente con más intensidad cuando se dan.
Varios grupos de investigación han publicado trabajos que respaldan esta hipótesis, aunque el consenso científico todavía no la da por cerrada del todo. La atmósfera es un sistema enormemente complejo y el vórtice polar es sensible a muchas variables a la vez. Lo que sí podemos decir es que es un campo de estudio muy activo y que cada nuevo SSW, como el de este febrero, aporta datos valiosos.
Herramientas para seguir la situación
Si queréis ir más allá de los titulares y seguir la evolución del vórtice por vuestra cuenta, estas son las referencias que consultamos en Snowy:
- Mapas de presión a 10 hPa (30 km de altitud): muestran la forma y posición del vórtice en tiempo real. Si veis dos centros de baja presión separados, el split sigue activo.
- Índice NAO: cuando está en valores negativos, las borrascas apuntan hacia España. Cuando vuelve a positivo, el anticiclón retoma su puesto de portero.
- Predicciones estacionales de AEMET y ECMWF: orientan sobre la tendencia general a 3 meses vista.
Y en el día a día:
- Previsión por horas para cualquier localidad de España, con datos de 16 modelos profesionales.
- Calculadora de cota de nieve si vivís en zonas de montaña o tenéis un viaje pendiente.
- Comparador multimodelo para cruzar lo que dicen ECMWF, GFS e ICON sobre un mismo punto.
- Datos en tiempo real de cientos de estaciones meteorológicas repartidas por el país: cuando los modelos no se aclaran, lo que miden los sensores es la mejor referencia.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el vórtice polar?
Una gran circulación de vientos muy fríos (hasta -80 °C) que gira sobre el Polo Norte en la estratosfera, entre 15 y 50 km de altitud. Mientras se mantiene fuerte, confina el aire ártico en latitudes altas. Cuando se debilita o se parte, ese aire frío puede escapar hacia el sur y afectar a países como España.
¿Qué significa que se ha "partido en dos"?
Que un calentamiento súbito estratosférico lo ha dividido en dos lóbulos separados. Es lo que los meteorólogos llaman split y es el tipo de perturbación más severo: permite que el aire frío se escape por múltiples rutas a la vez hacia latitudes medias.
¿Va a provocar una ola de frío en España?
AEMET lo ha descartado para lo que queda de invierno 2025-2026. La tendencia estacional apunta a temperaturas por encima de la media. Pero episodios puntuales de frío intenso y nevadas a cotas bajas siguen siendo posibles mientras la perturbación estratosférica esté activa, especialmente hasta mediados de marzo.
¿Tiene relación con el tren de borrascas?
Sí, es una de las causas. El debilitamiento del vórtice ha contribuido a mantener la NAO en fase negativa y el jet stream desplazado al sur, canalizando las borrascas atlánticas directamente hacia la Península. No es el único factor —las temperaturas del Atlántico y La Niña también influyen—, pero es una pieza clave.
¿Cuánto tardan los efectos en llegar al suelo?
Entre 2 y 6 semanas desde el pico del calentamiento estratosférico. El SSW se confirmó a principios de febrero de 2026, así que la ventana de impacto en superficie se extiende aproximadamente hasta mediados de marzo.
¿El cambio climático hace que el vórtice se rompa más a menudo?
Es una hipótesis en investigación activa. La amplificación ártica reduce el gradiente térmico que sostiene el jet stream, lo que podría hacer el vórtice más vulnerable. Los estudios publicados hasta ahora apuntan a que es probable, pero el consenso científico aún no lo da por definitivo.

