¿Qué es la sombra volcánica?
La sombra volcánica es un espectacular fenómeno óptico en el que un volcán o montaña prominente proyecta su sombra a través de la atmósfera durante el amanecer o el atardecer, haciéndola visible como una forma oscura triangular que se eleva sobre el horizonte opuesto al Sol. Aunque el fenómeno puede ocurrir con cualquier montaña suficientemente elevada y aislada, se denomina sombra volcánica cuando la produce un volcán, siendo los ejemplos más famosos los del Monte Fuji, el Teide y el Mauna Kea.
Mecanismo de formación
Cuando el Sol está muy bajo sobre el horizonte, las montañas elevadas y aisladas bloquean la luz solar directa, proyectando una sombra tridimensional a través de la atmósfera. Esta sombra es visible porque la atmósfera contiene suficientes aerosoles, polvo y vapor de agua que dispersan la luz: las zonas iluminadas aparecen brillantes y las zonas en sombra aparecen oscuras por contraste. La forma triangular convergente hacia arriba es un efecto de perspectiva: la sombra es realmente cilíndrica o ligeramente divergente, pero desde la base se ve converger hacia el punto de fuga.
Características visuales
La sombra volcánica aparece como un triángulo oscuro azulado que se eleva desde el horizonte, con el vértice hacia arriba y flanqueada por el cielo crepuscular anaranjado o rosado. Es más visible cuando el aire contiene suficientes aerosoles para crear contraste pero no tantos como para difuminar la sombra completamente. La sombra puede extenderse decenas de kilómetros en la atmósfera. Durante unos minutos al amanecer o atardecer, la sombra se desplaza rápidamente a medida que cambia la posición del Sol.
El Teide como ejemplo
El Teide en Tenerife es uno de los volcanes más famosos para observar este fenómeno. Al amanecer, su sombra se proyecta hacia el oeste sobre el mar y la bruma marina, creando un triángulo oscuro perfecto contra el cielo crepuscular. Desde la cumbre del Teide, es un espectáculo que atrae a visitantes de todo el mundo. La sombra del Teide puede extenderse más de 40 kilómetros sobre la superficie del océano.