Óptica atmosférica: cuando la luz pinta el cielo
Los fenómenos de óptica atmosférica son el espectáculo visual de la meteorología. Desde el arcoíris que aparece tras la lluvia hasta las misteriosas auroras boreales, la interacción de la luz con los componentes de la atmósfera produce efectos que han fascinado a la humanidad durante milenios.
Refracción y reflexión
El arcoíris es el fenómeno óptico más conocido. Se forma cuando la luz solar entra en las gotas de lluvia, se refracta (cambia de dirección), se refleja en la superficie interior de la gota y se refracta de nuevo al salir, descomponiéndose en sus colores. El rayo verde — un destello esmeralda brevísimo al ponerse el sol — también es un fenómeno de refracción, amplificado por la atmósfera en el horizonte.
Cristales de hielo
Los cristales de hielo de las nubes altas (cirros y cirroestratos) producen fenómenos espectaculares. El halo solar es un anillo luminoso de 22° alrededor del sol. Los parhelios (o "soles falsos") son puntos brillantes a ambos lados del sol. La corona solar es un pequeño anillo iridiscente que aparece cuando nubes finas de gotas muy uniformes difractan la luz.
Auroras
Las auroras boreales (y australes) se producen cuando partículas cargadas del viento solar interactúan con la magnetosfera terrestre y excitan los átomos de oxígeno y nitrógeno en la alta atmósfera. Los colores verdes, rojos y violetas dependen del tipo de átomo y la altitud. Con el ciclo solar actual (2024-2026), las auroras están siendo excepcionalmente visibles incluso en latitudes bajas.
Fenómenos curiosos
El espejismo no es una ilusión: es un fenómeno óptico real causado por la refracción de la luz en capas de aire con diferentes temperaturas. El fuego de San Telmo es una descarga eléctrica luminiscente que aparece en objetos puntiagudos durante tormentas. El anillo de Bishop — un halo parduzco alrededor del sol — aparece tras grandes erupciones volcánicas que inyectan ceniza en la estratosfera.