Humedad: el agua invisible de la atmósfera
El vapor de agua es un componente invisible pero esencial de la atmósfera. Aunque solo representa entre el 0% y el 4% del aire, determina la formación de nubes, la precipitación, la sensación de confort y numerosos procesos climáticos. La humedad es, en muchos sentidos, el ingrediente secreto del tiempo.
Formas de medir la humedad
Existen varias formas de expresar la cantidad de agua en el aire. La humedad relativa es la más conocida: indica qué porcentaje de vapor contiene el aire respecto al máximo que podría contener a esa temperatura. Una humedad relativa del 80% no significa lo mismo a 10 °C que a 35 °C, porque el aire caliente puede contener mucho más vapor.
El punto de rocío es una medida más precisa del contenido real de humedad. Representa la temperatura a la que el aire debería enfriarse para saturarse. Un punto de rocío de 20 °C indica un ambiente pegajoso y bochornoso, mientras que uno de 5 °C indica aire muy seco. Es la variable preferida por los meteorólogos para evaluar el confort.
Condensación y sus manifestaciones
Cuando el aire se enfría hasta alcanzar su punto de rocío, se produce la condensación: el vapor de agua pasa a estado líquido. Este es el proceso que forma las nubes, la niebla, el rocío matutino en el césped y la escarcha en las mañanas frías. Sin condensación no habría nubes ni precipitación.
El ciclo del agua en la superficie
La evapotranspiración combina la evaporación del suelo y la transpiración de las plantas. Es fundamental en agricultura e hidrología, ya que determina cuánta agua pierde el terreno. En España, con su clima mediterráneo, la evapotranspiración potencial supera con creces la precipitación en verano, lo que explica la aridez estival.