¿Qué es el rocío?
El rocío es la condensación de vapor de agua sobre superficies frías cuando su temperatura desciende por debajo del punto de rocío del aire circundante, siempre que la temperatura se mantenga por encima de 0 °C. Aparece como gotitas de agua en plantas, coches y superficies al amanecer.
¿Cómo se forma?
Durante la noche, las superficies pierden calor por radiación infrarroja. Las noches despejadas y sin viento favorecen un enfriamiento máximo, porque no hay nubes que devuelvan la radiación ni viento que mezcle el aire.
Cuando la superficie se enfría por debajo del punto de rocío del aire en contacto, el vapor condensa directamente sobre ella en forma de gotitas. Las superficies que pierden calor más rápidamente (metal, cristal, hojas) acumulan más rocío. El césped es un excelente radiador y suele ser el primero en cubrirse de rocío.
¿Por qué es importante?
El rocío tiene importancia agrícola: en zonas áridas, el rocío aporta humedad a las plantas durante la noche (puede equivaler a 0,2-0,5 mm de precipitación por noche). Algunos cultivos e insectos dependen parcialmente del rocío.
El rocío también es un indicador meteorológico: su presencia indica que la noche fue despejada y sin viento, y que el punto de rocío es alto (aire húmedo). Si no hay rocío, o bien la noche fue nublada/ventosa o el aire era muy seco.
Ejemplos prácticos
- Coche por la mañana: el rocío en el parabrisas indica que la superficie del cristal bajó del punto de rocío. Es más frecuente en coches aparcados al raso que en garaje.
- Telaraña con rocío: las gotas de rocío resaltan las telarañas al amanecer, creando uno de los espectáculos más fotogénicos de la naturaleza.
- Jardinería: el rocío matutino puede favorecer enfermedades fúngicas en céspedes y cultivos si se mantiene durante muchas horas.