¿Qué es la relación de Bowen?
La relación de Bowen (β) fue propuesta por el climatólogo Ira Sprague Bowen en 1926 y se define como β = H / LE, donde H es el flujo de calor sensible (energía que calienta el aire) y LE es el flujo de calor latente (energía consumida en evaporar agua). Cuando β es alto (mayor que 1), la mayor parte de la energía solar que llega a la superficie se emplea en calentar el aire, como ocurre en desiertos y superficies secas. Cuando β es bajo (menor que 1), predomina la evaporación, como sucede sobre océanos, lagos, suelos húmedos y bosques tropicales.
Valores típicos en diferentes entornos
La relación de Bowen varía enormemente según el tipo de superficie y la disponibilidad de agua. Sobre el océano abierto, β suele estar entre 0,1 y 0,3: casi toda la energía se invierte en evaporar agua. En bosques tropicales húmedos, β oscila entre 0,2 y 0,5. En terrenos de cultivo con riego, β se sitúa en torno a 0,5-1,0 dependiendo de la fase del cultivo. En desiertos y zonas urbanas sin vegetación, β puede superar valores de 5 o incluso 10, porque la escasa humedad limita la evaporación y casi toda la energía calienta el aire y el suelo.
Importancia en meteorología y climatología
La relación de Bowen condiciona el clima local de manera directa. Las zonas con β bajo (mucha evaporación) tienden a tener temperaturas máximas más moderadas, mayor humedad atmosférica y mayor probabilidad de precipitación convectiva. Las zonas con β alto (poca evaporación) experimentan temperaturas extremas, gran amplitud térmica diurna y atmósferas secas. La deforestación y la urbanización aumentan la relación de Bowen al eliminar la vegetación y el agua superficial, lo que contribuye al efecto isla de calor urbano y puede alterar los patrones de lluvia regionales.
El método de la relación de Bowen para medir evapotranspiración
En agrometeorología, el método de la relación de Bowen es una técnica estándar para estimar la evapotranspiración. Se basa en medir los gradientes verticales de temperatura y humedad sobre el cultivo con sensores a dos alturas. La relación entre ambos gradientes permite calcular β y, conociendo la radiación neta y el flujo de calor del suelo, se descompone la energía disponible en calor sensible y calor latente. Es más económico que un lisímetro de pesada y proporciona mediciones continuas, aunque requiere condiciones de homogeneidad horizontal del terreno.