¿Qué es la desertificación?
La desertificación es el proceso de degradación del suelo en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, causado por la combinación de variaciones climáticas y actividades humanas. No significa que una zona se convierta en desierto de arena, sino que el suelo pierde su fertilidad, vegetación y capacidad para retener agua, quedando expuesto a la erosión.
La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) la define como la degradación de las tierras en zonas secas. Es un problema global que afecta a más de 100 países, pero España es uno de los más amenazados de Europa.
Causas de la desertificación
Las causas son tanto climáticas como humanas. Por el lado climático, la reducción de precipitaciones y el aumento de temperaturas intensifican la evaporación y debilitan la cubierta vegetal. Por el lado humano, la sobreexplotación agrícola, el sobrepastoreo, la deforestación, la urbanización descontrolada y la mala gestión del agua aceleran la pérdida de suelo.
La erosión es el mecanismo principal: sin vegetación que sujete la tierra, las lluvias torrenciales arrastran la capa fértil y dejan roca desnuda o suelo improductivo.
La desertificación en España
España es el país de Europa occidental más afectado por la desertificación. Según el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación (PAND), un tercio del territorio está en riesgo alto o muy alto, especialmente el sureste (Almería, Murcia, Alicante), zonas de Castilla-La Mancha, Extremadura y las Islas Canarias.
Las tasas de erosión en el sureste peninsular superan las 50 toneladas por hectárea al año en zonas deforestadas, muy por encima del umbral de regeneración natural del suelo (1-2 t/ha/año).
¿Cómo se combate?
Las estrategias incluyen la reforestación con especies autóctonas, la restauración de suelos degradados, la agricultura de conservación (mínimo laboreo, cubiertas vegetales), la gestión sostenible del agua y la protección de la vegetación natural. En España, los planes hidrológicos y las medidas agroambientales de la PAC son herramientas clave, aunque insuficientes ante la magnitud del problema.