Los embalses españoles están al 80 %, treinta pantanos al 100 % y las portadas celebran el agua. Pero hay otro dato que conviene poner encima de la mesa: el 43 % del suelo de España ya está degradado, y la desertificación afecta a más de 206.000 kilómetros cuadrados de territorio —una superficie mayor que toda Castilla y León—.
Suena contradictorio. El mismo país que acaba de vivir el invierno más lluvioso en décadas tiene provincias donde la tierra pierde cada año su capacidad de retener agua y sostener vegetación. Y no solo en Almería o en el desierto de Tabernas: también en comarcas de Madrid, en la Ribera navarra o en Menorca.
La clave está en que embalses llenos y suelo sano son cosas distintas. El agua que almacena un pantano no repara el terreno que se ha degradado durante décadas.
En resumen: La desertificación afecta al 61 % de las zonas áridas españolas (206.203 km²). Murcia, Canarias, Castilla-La Mancha, Baleares y la Comunidad Valenciana superan el 84 % de riesgo. Desde 1961, la temperatura media ha subido 1,69 °C y las proyecciones apuntan a un descenso de hasta el 50 % en las precipitaciones estivales del sur de Europa.
Qué es la desertificación (y por qué no es lo mismo que un desierto)
Conviene aclarar esto desde el principio, porque la confusión es generalizada. La desertificación no significa que tu pueblo vaya a amanecer un día con dunas. Es un proceso más sutil y, por eso, más peligroso.
La desertificación es la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, causada por factores climáticos y por la actividad humana. Lo que ocurre es que el suelo pierde su capacidad de retener agua, de alimentar vegetación y de sostener vida. Se vuelve estéril. Y una vez que cruza cierto umbral, revertirlo es extraordinariamente difícil.
Piensa en un campo de cereal en Castilla. Tras décadas de labranza intensiva, el suelo ha perdido materia orgánica. Cuando llueve —cada vez menos y más torrencialmente—, el agua no se infiltra: arrastra la capa fértil y se va. Queda tierra desnuda, compactada, incapaz de absorber la siguiente tormenta. Es un círculo que se retroalimenta.
Los datos del MITECO, comunidad a comunidad
Según el MITECO y los datos del Atlas Nacional de Desertificación, la situación a 2026 es la siguiente:
- 43,35 % del territorio español tiene el suelo degradado.
- 60,94 % de las zonas áridas —unos 206.203 km²— sufren procesos activos de desertificación.
- 74 % del territorio se clasifica como árido, semiárido o subhúmedo seco. Es decir, tres de cada cuatro kilómetros cuadrados de España están en la categoría de riesgo.
Las diferencias se aprecian mejor cuando se baja al detalle por comunidad autónoma.
Desertificación por comunidades autónomas

Mapa de España coloreado según el porcentaje de territorio clasificado como árido o en riesgo de desertificación. Los tonos rojos intensos indican las comunidades con mayor porcentaje de suelo en riesgo. Datos del MITECO y el Atlas Nacional de Desertificación.
| Comunidad autónoma | Territorio en riesgo |
|---|---|
| Murcia | 99,8 % |
| Canarias | 92,7 % |
| Castilla-La Mancha | 90,5 % |
| Baleares | 85,4 % |
| Comunidad Valenciana | 84,4 % |
| Andalucía | 82,1 % |
| Aragón | 75,3 % |
| Extremadura | 72,6 % |
| Cataluña | 68,9 % |
| Castilla y León | 63,2 % |
| Madrid | 61,7 % |
| Navarra | 54,8 % |
El dato de Murcia (99,8 %) es conocido, pero merece atención que Castilla-La Mancha —más de 79.000 km² de superficie— alcance el 90,5 %, o que Madrid, con toda su presión urbanística, tenga un 61,7 % de territorio clasificado en riesgo.
El sureste: la España que ya vive en clima semidesértico
El arco que va desde Almería hasta Alicante, pasando por Murcia, concentra los indicadores más extremos. En estas provincias, las precipitaciones anuales medias llevan décadas por debajo de los 300 mm —el umbral que los climatólogos consideran semiárido—. En algunas comarcas del interior de Almería, como los Filabres o el desierto de Tabernas, no se superan los 200 mm.
¿Qué significa eso en términos prácticos? Para hacernos una idea: un jardín doméstico necesita unos 600 mm al año para mantenerse verde sin riego. Un olivar de secano, entre 400 y 500 mm. Un cereal de invierno, al menos 350 mm. Cuando la lluvia no llega ni a 300 mm, la agricultura de secano es sencillamente inviable.
Y aquí entra el agravante del cambio climático. Según los datos del MITECO, la temperatura media anual en España ha subido 1,69 °C desde 1961. Pero esa media esconde diferencias enormes. En el sureste, el incremento supera los 2 °C en algunas estaciones meteorológicas. Más calor significa más evaporación, más estrés hídrico para las plantas y suelos que se secan más rápido entre lluvia y lluvia.
Menos lluvia total, pero más concentrada
El régimen de precipitaciones en España está cambiando en dos direcciones a la vez. Las proyecciones del MITECO para el periodo 2021-2050 apuntan a un descenso de hasta el 50 % en las precipitaciones estivales del sur de Europa. Al mismo tiempo, los episodios de lluvia intensa son cada vez más frecuentes, como hemos visto con las borrascas de febrero o con la DANA de Valencia.
Esta combinación es mala para el suelo. La tierra necesita lluvia moderada y repartida para absorber agua y mantener su estructura. Cuando caen 100 litros en dos horas sobre un suelo degradado, el agua no se infiltra: arrastra la capa fértil y se pierde por escorrentía. Es parecido a intentar regar una maceta que lleva meses seca con una manguera a presión: el agua rebota sin apenas mojar la tierra.
Más allá del sur: Madrid, Navarra, Menorca
El mapa de desertificación no se limita al sureste. Hay focos activos en zonas que habitualmente asociamos con climas más húmedos:
- Sureste de Madrid: La comarca de las Vegas del Tajo y la zona de Aranjuez presentan indicadores de aridez creciente. La urbanización acelerada y la pérdida de suelo agrícola contribuyen al problema.
- Ribera de Navarra: El valle medio del Ebro, entre Tudela y Alfaro, tiene un clima continental seco con precipitaciones por debajo de 400 mm. Los regadíos intensivos, si no se gestionan bien, aceleran la salinización del suelo.
- Menorca: A pesar de su imagen de isla verde, Baleares tiene un 85,4 % de territorio en riesgo. La presión turística, la sobreexplotación de acuíferos costeros y la intrusión salina están degradando suelos que tardaron miles de años en formarse.
- Interior de Cataluña: Las comarcas de Lleida y el Urgell, lejos de la lluvia costera, presentan índices de aridez en aumento progresivo.
El papel de la agricultura y la ganadería
Para los agricultores que quieren monitorizar las condiciones de sus parcelas en tiempo real, existen estaciones meteorológicas específicas para agricultura que miden variables clave como la evapotranspiración y la humedad del suelo.
El cambio climático no actúa solo. El 81 % del agua consumida en España se destina a agricultura y ganadería, según datos del MITECO, y en las cuencas del sureste —Segura, Júcar— la presión sobre los acuíferos lleva décadas siendo muy elevada.
El regadío intensivo del Levante produce tomates, lechugas y cítricos para media Europa, pero con un consumo de agua que los acuíferos no pueden sostener al ritmo actual. Los del Campo de Cartagena llevan años sobreexplotados y la intrusión de agua marina ya contamina pozos que antes eran de agua dulce. La situación del Mar Menor está directamente relacionada con esa sobreexplotación.
La ganadería extensiva en Extremadura y Castilla-La Mancha también contribuye, aunque de forma más sutil: el sobrepastoreo elimina la cobertura vegetal que protege el suelo de la erosión.
Qué se está haciendo (y qué falta)
España ratificó la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en 1996. Treinta años después, los indicadores siguen empeorando. Según Greenpeace, la desertificación en España «agrava la vulnerabilidad frente a la emergencia climática».
Las medidas actuales incluyen:
- Programa de Acción Nacional contra la Desertificación (PAND): establece directrices, pero su ejecución depende de las comunidades autónomas.
- Reforestación: España es uno de los países europeos que más superficie forestal ha ganado en las últimas décadas, aunque muchas plantaciones son monocultivos de pino que arden con facilidad.
- Modernización de regadíos: se ha invertido en sistemas de riego por goteo, pero la superficie regada no ha dejado de crecer, compensando las mejoras en eficiencia.
- Plan Agrario 2026: dotado con 315 millones de euros para proteger cosechas y ganado frente a riesgos climáticos, aunque más orientado a la adaptación que a la prevención.
Lo que falta, según los expertos, es una política integral que vincule la gestión del agua, el uso del suelo, la política agrícola y la planificación territorial. Mientras la desertificación se aborde como un problema ambiental aislado, los resultados serán insuficientes.
Consulta las tendencias climáticas de tu zona
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- Mapa interactivo de estaciones: Consulta la temperatura, precipitación y humedad en tiempo real de la estación más cercana a tu ubicación.
- Ranking de temperaturas máximas: Comprueba qué estaciones están registrando récords y cómo se comparan con los valores habituales de tu zona.
- Estado de los embalses: Aunque los embalses estén llenos ahora, la evolución por cuencas revela las zonas donde el déficit hídrico es estructural.

El mapa interactivo de Snowy permite consultar los datos meteorológicos en tiempo real de miles de estaciones. La evolución de la precipitación y la temperatura en cada punto es un indicador directo de cómo avanza —o se frena— la desertificación en cada zona.
Embalses llenos no es lo mismo que problema resuelto
Los pantanos al 80 % son una buena noticia para el suministro de este año y del próximo. Pero la desertificación se mide en otra escala: la capacidad del suelo para retener agua y sostener vegetación a lo largo de décadas. Y esa capacidad, en más de 206.000 km² de España, lleva años en retroceso.
Un buen invierno de lluvias resuelve el problema del agua embalsada, pero no repara suelos que han perdido su materia orgánica ni frena la erosión acumulada. Son problemas que operan a ritmos distintos.
Preguntas frecuentes
¿Qué porcentaje de España está en riesgo de desertificación?
El 74 % del territorio español se clasifica como árido, semiárido o subhúmedo seco, lo que lo sitúa en la categoría de riesgo según las Naciones Unidas. De ese territorio, el 61 % (206.203 km²) ya presenta procesos activos de desertificación, según datos del MITECO.
¿Cuáles son las comunidades autónomas más afectadas?
Murcia encabeza la lista con el 99,8 % de su territorio clasificado como árido, seguida de Canarias (92,7 %), Castilla-La Mancha (90,5 %), Baleares (85,4 %) y la Comunidad Valenciana (84,4 %).
¿La desertificación se puede revertir?
Depende del grado de degradación. En fases iniciales, prácticas como la reforestación con especies autóctonas, la reducción del laboreo y la restauración de la cubierta vegetal pueden frenar e incluso revertir el proceso. Sin embargo, cuando el suelo ha perdido su capa fértil y la estructura se ha destruido, la recuperación puede llevar siglos.
¿Las lluvias récord de 2026 ayudan contra la desertificación?
Paradójicamente, no siempre. Las precipitaciones torrenciales sobre suelos degradados provocan escorrentía y erosión en lugar de infiltración. Lo que el suelo necesita para regenerarse es lluvia moderada y constante, no diluvios puntuales que arrastran la poca tierra fértil que queda.
¿Cómo afecta el cambio climático a la desertificación en España?
La temperatura media ha subido 1,69 °C desde 1961, lo que incrementa la evaporación y el estrés hídrico. Las proyecciones apuntan a un descenso de hasta el 50 % en las precipitaciones estivales del sur de Europa para mediados de siglo, lo que aceleraría los procesos de degradación del suelo.
¿La desertificación afecta solo al sur de España?
No. Aunque el sureste concentra los peores indicadores, hay focos activos en el sureste de Madrid, la Ribera navarra, el interior de Cataluña y Baleares. La desertificación no entiende de estereotipos geográficos.
¿Qué relación tiene la agricultura con la desertificación?
El 81 % del agua consumida en España se destina a agricultura y ganadería. La sobreexplotación de acuíferos, el regadío intensivo y el sobrepastoreo son factores que aceleran la degradación del suelo, especialmente en las cuencas del sureste peninsular.
¿Dónde puedo consultar datos meteorológicos para mi zona?
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