¿Qué es el retroceso glaciar?
El retroceso glaciar se produce cuando un glaciar pierde más masa de la que acumula durante un periodo prolongado. Los glaciares se alimentan de la nieve que se compacta en su zona de acumulación (cabecera) y pierden masa por fusión en su zona de ablación (frente). Si la temperatura media aumenta o las precipitaciones de nieve disminuyen, el balance neto se vuelve negativo y el glaciar retrocede: su frente se desplaza ladera arriba, su espesor disminuye y su superficie se fragmenta. Este proceso es uno de los indicadores más visibles del cambio climático.
Situación global
A escala planetaria, los glaciares han perdido más de 9 billones de toneladas de hielo desde 1961, con una aceleración dramática desde la década de 1990. Las regiones más afectadas son los Alpes europeos, la cordillera de los Andes, el Himalaya occidental, Alaska y las zonas polares. La velocidad de retroceso actual no tiene precedentes en los últimos 2000 años. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) estima que los glaciares de montaña perderán entre el 30 y el 50 % de su masa para 2100 en el escenario de emisiones intermedias.
Los glaciares pirenaicos en España
Los Pirineos albergan los glaciares más meridionales de Europa, pero están en fase terminal. En 1850, la cordillera contaba con más de 100 glaciares que cubrían unos 2060 hectáreas. En 2020, solo quedaban una veintena de cuerpos de hielo residuales con una superficie total inferior a 200 hectáreas. Glaciares emblemáticos como el de Monte Perdido, Aneto (Maladeta) o Vignemale han perdido más del 80 % de su superficie y varios metros de espesor. Si la tendencia actual continúa, los científicos prevén la desaparición total de los glaciares pirenaicos antes de 2050.
Consecuencias hidrológicas y ecológicas
La desaparición de los glaciares tiene consecuencias directas sobre los recursos hídricos, especialmente en cuencas que dependen del deshielo estival para mantener el caudal de los ríos. En los Pirineos, los glaciares actúan como reservas de agua que liberan caudal durante los meses más secos del verano, alimentando los ríos Cinca, Gállego y Ésera. Su pérdida reduce la disponibilidad hídrica estival, afecta a los ecosistemas de alta montaña y modifica la dinámica de los ibones (lagos glaciares), cuya biodiversidad está adaptada a aguas frías.