¿Qué son los ciclos de Milankovitch?
Los ciclos de Milankovitch, descritos por el matemático serbio Milutin Milankovitch en la primera mitad del siglo XX, son variaciones periódicas en tres parámetros de la órbita terrestre que alteran la cantidad y distribución estacional de la radiación solar que recibe nuestro planeta. Estos ciclos son el principal mecanismo natural que explica la alternancia entre períodos glaciales e interglaciales durante los últimos millones de años.
Los tres parámetros orbitales
La excentricidad describe la forma de la órbita terrestre, que oscila entre casi circular y ligeramente elíptica con un período de unos 100 000 años. Cuando la órbita es más elíptica, la diferencia de radiación solar entre el punto más cercano al Sol (perihelio) y el más lejano (afelio) se amplía. La oblicuidad es la inclinación del eje de rotación terrestre respecto al plano orbital, que varía entre 22,1° y 24,5° con un período de unos 41 000 años. Una mayor oblicuidad intensifica los contrastes estacionales (veranos más cálidos, inviernos más fríos). La precesión es el bamboleo del eje terrestre, similar al de una peonza, con un período de unos 23 000 años. Determina en qué punto de la órbita ocurre cada estación.
Cómo controlan las glaciaciones
La combinación de estos tres ciclos determina cuánta radiación solar recibe cada latitud en cada estación. Las glaciaciones se inician cuando los veranos en las altas latitudes del hemisferio norte son lo suficientemente fríos como para que la nieve invernal no se derrita del todo, acumulándose año tras año y formando grandes casquetes de hielo. La retroalimentación hielo-albedo amplifica este enfriamiento inicial. Las deglaciaciones ocurren cuando la configuración orbital favorece veranos más cálidos que funden progresivamente el hielo acumulado.
Relevancia actual
Los ciclos de Milankovitch operan a escalas de miles de años, por lo que no explican el calentamiento actual, que se ha producido en apenas dos siglos. De hecho, la configuración orbital actual conduciría lentamente hacia un nuevo período glacial dentro de unos 50 000 años. Sin embargo, el exceso de CO₂ acumulado por la actividad humana ha alterado este ritmo natural. El estudio de estos ciclos, mediante los registros paleoclimáticos de núcleos de hielo y sedimentos oceánicos, ha sido fundamental para validar los modelos climáticos modernos.