Algo se está acelerando en el Pacífico
Cuando publicamos la primera versión de este artículo en febrero, hablábamos de señales y probabilidades. Dos meses después el panorama es distinto: la NOAA da ya un 61 % de probabilidad de El Niño para el verano, el ECMWF tiene todos los miembros de su ensemble apuntando a un evento moderado o fuerte para junio, y en la prensa internacional empiezan a aparecer referencias a un "Súper El Niño" con una frecuencia que no se veía desde 2015.
La pregunta legítima es si lo que suceda a 15.000 kilómetros, en mitad de un océano que no baña la Península, tiene consecuencias reales en España. La respuesta es sí, aunque no de forma directa. Para entenderla conviene repasar cómo funciona el fenómeno, qué dicen los modelos actuales y qué margen de incertidumbre siguen manejando.
Qué es El Niño y por qué modula el clima global
El Niño es la fase cálida del ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que afecta al Pacífico ecuatorial y constituye, después de las propias estaciones del año, el principal modulador del clima a escala planetaria. El ciclo alterna entre tres estados: El Niño (fase cálida), La Niña (fase fría, protagonista de los últimos inviernos) y condiciones neutras. La duración media del ciclo completo es de 2 a 7 años.
El mecanismo físico es conocido. En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste sobre el Pacífico ecuatorial y acumulan las capas cálidas del océano hacia Indonesia y Australia. En el extremo opuesto —las costas de Perú y Ecuador— el agua fría asciende desde el fondo por un proceso de upwelling. Cuando llega El Niño, esos alisios se debilitan o incluso se invierten. El agua caliente deja de concentrarse en el Pacífico occidental y se extiende por el centro y el este del océano, con anomalías que pueden superar los 2 °C sobre miles de kilómetros. Esa redistribución reorganiza los patrones de lluvia y temperatura en amplias zonas del planeta: inundaciones en el oeste sudamericano, sequías en Oceanía, alteraciones en el monzón asiático.
Si La Niña ha marcado los inviernos recientes, El Niño podría marcar el verano y el otoño de 2026.
Lo que dicen los modelos a mediados de abril de 2026
La situación ha evolucionado con rapidez desde la publicación inicial de este artículo. El último diagnóstico del Climate Prediction Center (CPC) de la NOAA, del 9 de abril, confirma que el sistema está en ENSO-neutral pero con la región Niño 3.4 en -0,2 °C, prácticamente en la línea de salida. Las probabilidades oficiales trimestrales son las siguientes:
| Trimestre | El Niño | Neutral |
|---|---|---|
| Abr-May-Jun 2026 | ~47 % | ~53 % |
| May-Jun-Jul 2026 | ~61 % | ~39 % |
| Jun-Jul-Ago 2026 | ~72 % | ~28 % |
| Sep-Oct-Nov 2026 | ~80 % | ~20 % |
La Niña ha desaparecido del cuadro de probabilidades. La pregunta ya no es si llega El Niño, sino con qué intensidad lo hace.
El ECMWF es especialmente contundente. Los más de veinte miembros de su ensemble predicen, sin excepción, un El Niño moderado o fuerte para mediados de junio. Para octubre, la mitad del ensemble sitúa la anomalía de la región Niño 3.4 por encima de +2,5 °C, lo que equivale a un escenario de Súper El Niño. La NOAA, más conservadora, asigna una probabilidad de 1 entre 4 a un evento catalogado como muy fuerte (≥ +2,0 °C).
Las señales físicas refuerzan el diagnóstico. El calentamiento subsuperficial acumula cinco meses consecutivos al alza: por debajo de la superficie del Pacífico se ha formado una masa de agua cálida que aún no se refleja por completo en la temperatura superficial. Las ondas de Kelvin —perturbaciones cálidas que viajan por debajo del océano y suelen preceder a El Niño— se desplazan hacia el este. Y en las últimas semanas, ráfagas de viento del oeste sobre el Pacífico occidental, junto con tres ciclones tropicales simultáneos, han empujado aguas cálidas hacia el centro del océano y acelerado el proceso.
El motor de El Niño está en marcha y gana intensidad cada semana.
El calendario: de la transición al posible pico
El consenso entre NOAA, ECMWF, el Bureau of Meteorology australiano y la JMA japonesa se ha consolidado en los últimos dos meses. El sistema se encuentra en fase de transición: las aguas se calientan pero aún no han superado los umbrales oficiales, que exigen una anomalía de +0,5 °C sostenida en la región Niño 3.4 durante al menos cinco trimestres solapados consecutivos. El verano es el periodo con mayor probabilidad para la declaración oficial de El Niño. El pico del evento se situaría entre el otoño de 2026 y el invierno de 2027.
Lo que ha cambiado respecto a febrero no es la dirección, sino la intensidad prevista. La horquilla ECMWF para septiembre sitúa la anomalía entre +1,7 °C y +3,3 °C, un rango amplio pero ya claramente escorado hacia eventos notables. El escenario central ha dejado de ser un El Niño discreto para convertirse en uno con impacto global previsible.
El sistema atraviesa todavía la conocida barrera de predictibilidad de primavera. Las transiciones ENSO que ocurren entre marzo y mayo son las más difíciles de acotar, y la intensidad final no se confirmará hasta junio o julio. Lo que sí puede afirmarse es que la dirección ya no ofrece dudas razonables.
¿Cómo puede un océano a 15.000 km condicionar el clima en España?
Aquí conviene ser precisos. El Niño no afecta a España de forma directa. La Península no está en el Pacífico, ni recibe las inundaciones de Perú ni las sequías de Indonesia. El impacto llega a través de lo que los meteorólogos llaman teleconexiones: cadenas de causa y efecto atmosférico que conectan regiones alejadas del planeta mediante ajustes sucesivos en la circulación general.
El mecanismo puede resumirse así. Cuando el Pacífico se calienta, se desplazan los núcleos de convección tropical y cambia la distribución de lluvia en la franja ecuatorial. Esa reorganización altera la posición y la intensidad de las corrientes en chorro subtropicales, que a su vez modifican el patrón de ondas de Rossby en el hemisferio norte —las mismas grandes ondulaciones del jet stream que describimos en el artículo del vórtice polar—. Esas ondas acaban afectando a la posición del anticiclón de las Azores y al camino por el que llegan, o dejan de llegar, las borrascas atlánticas a Europa.
El resultado más frecuente asociado a un El Niño moderado-fuerte en España: verano con temperaturas por encima de lo normal, especialmente en el interior y el Mediterráneo, con olas de calor más probables y duraderas. En otoño la señal es más confusa, y algunos estudios vinculan El Niño con lluvias algo superiores en el Mediterráneo occidental. Para el invierno siguiente (2026-2027), la tendencia apunta a temperaturas suaves y precipitaciones ligeramente por encima de la media en la mitad sur.
Ahora bien, la correlación no es fuerte. España se sitúa al final de una cadena de teleconexiones larga y con mucho ruido. Factores locales como la temperatura del Atlántico, la fase de la NAO o la posición del anticiclón pueden amplificar, atenuar o invertir la señal original. La analogía más adecuada sigue siendo la del teléfono roto: el mensaje sale claro del Pacífico, pero al llegar a la Península puede estar considerablemente distorsionado.
Lo que distingue a este El Niño: el contexto climático
Aquí está el elemento verdaderamente relevante. El Niño no es un fenómeno nuevo —se han registrado decenas desde que existen observaciones sistemáticas—. Lo que distingue al evento de 2026 es el contexto climático en el que llega.
El planeta encadena tres años consecutivos de récords de temperatura global: 2023, 2024 y 2025. Sin precedentes en los registros instrumentales. 2023 fue el año más cálido jamás medido, impulsado precisamente por un El Niño fuerte. 2024 lo superó y se convirtió en el primer año en rebasar la barrera de +1,5 °C respecto a la era preindustrial en media anual. 2025, incluso con La Niña activa —cuya aportación debería haber sido refrigerante—, se mantuvo en niveles anómalamente altos.
Al superponer un nuevo El Niño sobre ese calentamiento de fondo, las temperaturas globales de la segunda mitad de 2026 y el inicio de 2027 pueden volver a batir récords. Un dato ilustrativo de la paradoja actual: enero de 2026 ha sido simultáneamente el quinto mes de enero más cálido a nivel global y el más frío en Europa desde 2010. Un planeta más cálido no distribuye el calor de forma uniforme; lo redistribuye.
Para España, la combinación de El Niño y calentamiento de fondo configura un riesgo elevado de un verano 2026 especialmente caluroso. No se trata de certeza —la meteorología nunca lo es—, pero las probabilidades están claramente sesgadas hacia el lado cálido.
Qué esperar estación por estación
La predicción estacional mantiene sus limitaciones habituales y es más fiable para temperatura que para precipitación. Con los datos disponibles en abril, las señales son, en cualquier caso, más claras que hace dos meses.
El verano 2026 presenta una probabilidad superior al 60 % de registrar temperaturas por encima de la media, especialmente en el interior peninsular y el litoral mediterráneo. Con El Niño en desarrollo y el calentamiento de fondo ya instalado, las olas de calor pueden ser más frecuentes y duraderas que en un verano medio. Si el evento alcanza intensidad fuerte, el efecto acumulado se notaría sobre todo entre julio y septiembre.
En otoño, con El Niño en fase de desarrollo activo, podrían favorecerse configuraciones de bloqueo que canalicen humedad hacia el Mediterráneo. Conviene vigilar con especial atención el riesgo de DANAs en octubre y noviembre. Lo ocurrido en Valencia en 2024 justifica una cautela reforzada.
Para el invierno 2026-2027, que coincidiría con el pico potencial del evento, la tendencia apunta a temperaturas suaves y menor probabilidad de olas de frío. Esa señal es coherente con lo expuesto en nuestro análisis sobre la desaparición de las olas de frío. Las precipitaciones presentarían una señal ligeramente positiva en la mitad sur y Baleares.
Sigue la evolución con datos reales — En Snowy comparamos las predicciones de ECMWF, GFS, ICON y otros modelos para que puedas ver cómo evolucionan las previsiones semana a semana. Cuando hay tanta incertidumbre como ahora, comparar es la forma más honesta de informarse.
Cómo seguir la evolución del fenómeno
Para vigilar el estado de El Niño al margen de titulares, hay tres fuentes de referencia. La NOAA CPC publica un diagnóstico ENSO mensual con probabilidades actualizadas por trimestre; el próximo informe, previsto para principios de mayo, será clave. El ECMWF, a través de Copernicus, genera predicciones estacionales con su modelo SEAS5. Y el Bureau of Meteorology australiano mantiene uno de los seguimientos ENSO más detallados del mundo.
Desde Snowy iremos actualizando este análisis conforme avance la confirmación del evento. Los dos próximos meses son decisivos: entre mayo y junio quedará claro si estamos ante un El Niño moderado o ante uno de magnitud superior. Cuando llegue el verano, el comparador multi-modelo permitirá cruzar predicciones de distintos centros y evaluar cuáles se ajustan mejor a la evolución real.
Resulta revelador que una variación de temperatura en un océano lejano pueda condicionar la intensidad del verano en Sevilla. El clima es un sistema conectado, y El Niño es probablemente su ejemplo más limpio. Lo que ocurre en el Pacífico no se queda en el Pacífico: tarda meses en llegar, la señal se distorsiona por el camino y, cuando por fin se expresa en latitudes medias, viene acompañada de varias cadenas de causa y efecto. Pero llega. Y en esta ocasión lo hace sobre un planeta con tres años de récords térmicos consecutivos y con modelos apuntando más alto de lo que muchos esperaban hace unos meses. Los próximos dos meses serán determinantes.
Preguntas frecuentes
¿El Niño y La Niña son lo contrario?
Sí, corresponden a las dos fases opuestas del ciclo ENSO. La Niña enfría el Pacífico y, en España, tiende a favorecer inviernos más fríos y lluviosos en el norte. El Niño lo calienta y tiende a favorecer veranos más cálidos.
¿Cuándo fue el último El Niño?
El último evento se desarrolló entre junio de 2023 y abril de 2024 y alcanzó intensidad fuerte. Fue uno de los motores del récord global de temperatura registrado en 2023.
¿El Niño causa directamente olas de calor en España?
No de forma directa. Genera condiciones que las favorecen, pero el vínculo opera a través de varias teleconexiones. Un El Niño fuerte no garantiza un verano extremo en la Península, y un verano extremo puede producirse sin El Niño. Se trata de probabilidades, no de certezas.
¿Es posible que al final no se desarrolle?
Cada vez menos probable, aunque no puede descartarse del todo. La NOAA asigna un 61 % a mayo-julio y un 72-80 % a la segunda mitad de 2026. El sistema atraviesa aún la barrera de predictibilidad de primavera, por lo que los datos definitivos se conocerán entre mayo y junio. La tendencia, no obstante, es inequívoca.

