¿Qué es la sensibilidad climática?
La sensibilidad climática es uno de los parámetros más importantes y debatidos de la ciencia del clima. Se define como el incremento de temperatura media global en equilibrio que resultaría de duplicar la concentración de CO₂ en la atmósfera respecto al nivel preindustrial (de 280 a 560 ppm). Según el Sexto Informe del IPCC (2021), el rango más probable se sitúa entre 2,5 y 4 °C, con un valor central de unos 3 °C.
Tipos de sensibilidad
Existen dos definiciones principales. La sensibilidad climática en equilibrio (ECS, Equilibrium Climate Sensitivity) contempla todos los ajustes del sistema climático hasta alcanzar un nuevo equilibrio, un proceso que puede tardar siglos. La respuesta climática transitoria (TCR, Transient Climate Response) mide el calentamiento en el momento en que el CO₂ se duplica bajo un aumento gradual del 1 % anual, y se estima entre 1,4 y 2,2 °C. La TCR es más relevante para las proyecciones a corto y medio plazo.
Por qué importa tanto
Si la sensibilidad es alta (próxima a 4 °C), limitar el calentamiento a 1,5 °C requeriría reducciones de emisiones mucho más drásticas y rápidas. Si es baja (próxima a 2,5 °C), el presupuesto de carbono restante sería mayor y las políticas actuales serían relativamente más eficaces. Por eso, acotar este valor es una prioridad de la investigación climática.
Factores que la determinan
La sensibilidad depende de las retroalimentaciones del sistema climático. El vapor de agua amplifica el calentamiento (retroalimentación positiva), el deshielo reduce el albedo y calienta más (retroalimentación positiva), y los cambios en la nubosidad pueden amplificar o amortiguar el efecto. Precisamente la incertidumbre en el comportamiento de las nubes es la principal razón de que el rango de sensibilidad climática siga siendo amplio.