¿Qué es la sequía hidrológica?
La sequía hidrológica es la manifestación de la falta prolongada de precipitaciones en el sistema hídrico de una región. Mientras la sequía meteorológica mide simplemente cuánto llueve de menos, la hidrológica cuantifica el impacto real sobre los recursos de agua disponibles: caudales de ríos, niveles de embalses, volumen de acuíferos y reservas de nieve en montaña.
Este tipo de sequía aparece con un desfase temporal respecto a la meteorológica. Si deja de llover, los ríos tardan semanas en acusar el descenso, los embalses meses y los acuíferos pueden tardar años en vaciarse. Por eso, la sequía hidrológica suele comenzar y terminar más tarde que la meteorológica, y sus efectos son más duraderos.
¿Cómo se produce?
La sequía hidrológica se desarrolla cuando la sequía meteorológica se prolonga lo suficiente para agotar las reservas hídricas que amortiguan la falta de lluvia. En España, el proceso típico comienza con un otoño-invierno seco (sequía meteorológica). Si la primavera tampoco aporta precipitaciones, los embalses dejan de recibir aportes y las reservas descienden progresivamente.
Los factores agravantes incluyen temperaturas elevadas (que aumentan la evaporación de embalses y la evapotranspiración de cultivos), la deforestación (que reduce la retención de agua en el suelo), la sobreexplotación de acuíferos y el aumento de la demanda urbana y agrícola. En cuencas como el Segura o el Guadalquivir, la demanda supera frecuentemente los recursos disponibles incluso en años normales.
Los indicadores principales son el índice de estado de los embalses (porcentaje de capacidad almacenada respecto a la media), el índice de sequía hidrológica basado en caudales de ríos y el nivel piezométrico de los acuíferos principales.
¿Por qué es importante?
España cuenta con más de 1.200 grandes embalses que regulan el 40 % de los recursos hídricos del país. Cuando la sequía hidrológica reduce las reservas por debajo de umbrales críticos, se activan restricciones progresivas: primero para el riego agrícola, luego para usos industriales y, en casos extremos, para el abastecimiento urbano.
La sequía hidrológica de 2022-2024 en Cataluña llevó los embalses del sistema Ter-Llobregat por debajo del 16 % de su capacidad, obligando a restricciones severas en el área metropolitana de Barcelona. En el sur de España, la cuenca del Guadalquivir registra episodios de sequía hidrológica cada vez más frecuentes y prolongados, con embalses por debajo del 25 % durante meses. La planificación hidrológica y la desalación se han convertido en herramientas imprescindibles para la adaptación.