¿Qué es la sequía meteorológica?
La sequía meteorológica es la fase inicial y más directa de la sequía: un periodo prolongado en el que las precipitaciones quedan significativamente por debajo de los valores normales para una región y época del año. Se define de forma puramente climatológica, comparando la lluvia registrada con las medias históricas (normalmente los últimos 30 años). Mientras la sequía hidrológica mide el impacto en ríos y embalses, la meteorológica se centra exclusivamente en la falta de precipitación.
En España, donde la variabilidad pluviométrica interanual es muy alta, los umbrales para declarar sequía meteorológica difieren enormemente entre regiones. Un año con 300 mm puede ser normal en Almería pero catastrófico en Galicia. Por eso, se utilizan índices estandarizados como el SPI (Standardized Precipitation Index) que permiten comparar la severidad del déficit independientemente del clima local.
¿Cómo se produce?
La sequía meteorológica se origina por configuraciones atmosféricas persistentes que bloquean la llegada de borrascas y frentes. En la Península Ibérica, la causa más frecuente es un anticiclón de las Azores anormalmente extendido o desplazado hacia el norte, que desvía las borrascas atlánticas hacia latitudes más altas (Reino Unido, Escandinavia). También pueden producirla bloqueos atmosféricos en los que una alta presión se instala sobre Europa occidental durante semanas.
Los patrones de teleconexión influyen decisivamente. Una NAO (Oscilación del Atlántico Norte) en fase positiva tiende a desviar las borrascas al norte de la Península, favoreciendo inviernos secos. El cambio climático está amplificando estos patrones, haciendo que los periodos secos sean más prolongados e intensos en el Mediterráneo.
La estacionalidad es clave: la mayor parte de la precipitación en España cae entre octubre y abril. Si el semestre húmedo falla, no hay forma de recuperar el déficit en los meses cálidos, que son naturalmente secos.
¿Por qué es importante?
La sequía meteorológica es el detonante de todas las demás fases de la sequía. Si persiste, desencadena sequía agrícola (falta de humedad en el suelo), sequía hidrológica (descenso de ríos y embalses) y sequía socioeconómica (restricciones de agua). España es el país europeo más vulnerable a las sequías: el episodio de 2017 dejó embalses por debajo del 40 % de capacidad y el de 2022-2023 batió récords en Cataluña.
Monitorizar la sequía meteorológica con indicadores como el SPI permite activar planes de contingencia antes de que el impacto en los recursos hídricos sea irreversible. AEMET publica informes mensuales de vigilancia de la sequía que son herramientas esenciales para la gestión del agua.