¿Qué es un termógrafo?
El termógrafo es el instrumento meteorológico encargado de registrar de forma continua la temperatura del aire a lo largo del tiempo. Mientras que un termómetro ofrece la lectura en un momento dado, el termógrafo produce un registro gráfico completo (termograma) que muestra la evolución de la temperatura durante 24 horas o una semana. Este instrumento ha sido fundamental en los observatorios meteorológicos para documentar los ciclos térmicos diarios y detectar cambios bruscos de temperatura asociados a frentes o advecciones.
¿Cómo funciona?
El termógrafo clásico utiliza como sensor una lámina bimetálica curvada, formada por dos metales con diferente coeficiente de dilatación (por ejemplo, hierro y latón). Al variar la temperatura, los metales se dilatan de forma desigual y la lámina se curva, moviendo un sistema de palancas que transmite el desplazamiento a una plumilla inscriptora. Esta plumilla traza una línea sobre un papel milimetrado sujeto a un tambor giratorio accionado por relojería. Otro diseño emplea un tubo de Bourdon relleno de alcohol, que se curva con los cambios de temperatura. Los termógrafos digitales modernos usan termistores o termopares conectados a un datalogger.
Interpretación del termograma
El termograma muestra el ciclo diurno de temperatura: un mínimo antes del amanecer y un máximo unas dos horas después del mediodía solar. Las irregularidades en esta curva revelan eventos meteorológicos importantes: un descenso brusco puede indicar el paso de un frente frío, una meseta nocturna sugiere la presencia de nubosidad que impide el enfriamiento radiativo, y una oscilación anormal puede delatar una inversión térmica. Los climatólogos usan las series de termogramas históricos para estudiar tendencias de temperatura a largo plazo.
Instalación y mantenimiento
El termógrafo debe instalarse dentro de una garita Stevenson para protegerlo de la radiación solar directa, la lluvia y el viento. La garita garantiza que el sensor mida la temperatura real del aire. El papel del tambor se cambia periódicamente (diario o semanal) y la plumilla se recarga con tinta. La calibración se verifica comparando la lectura con un termómetro de referencia.