¿Qué es la AMOC?
La AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation, o Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico) es uno de los sistemas de corrientes oceánicas más importantes del planeta. Funciona como una enorme cinta transportadora: agua cálida y salada fluye por la superficie del Atlántico desde los trópicos hacia el norte de Europa, donde se enfría, se vuelve más densa y se hunde hasta las profundidades oceánicas, regresando lentamente hacia el sur. Este ciclo continuo redistribuye enormes cantidades de calor y tiene un impacto decisivo sobre el clima del hemisferio norte.
¿Por qué es tan importante para el clima?
La AMOC transporta aproximadamente 1,3 petavatios de energía térmica hacia el norte, lo que equivale a la producción de un millón de centrales nucleares. Gracias a este aporte de calor, Europa occidental disfruta de inviernos mucho más suaves que otras regiones situadas en la misma latitud, como Canadá o Siberia. Además, la AMOC influye en los patrones de precipitación del Sahel africano, en la frecuencia de huracanes atlánticos y en la capacidad del océano para absorber CO₂ atmosférico. Sin esta circulación, el clima europeo sería radicalmente distinto.
¿Está debilitándose la AMOC?
Numerosos estudios científicos sugieren que la AMOC se ha debilitado aproximadamente un 15 % desde mediados del siglo XX, alcanzando su punto más débil en al menos un milenio. El deshielo acelerado de Groenlandia aporta grandes volúmenes de agua dulce al Atlántico norte, reduciendo la salinidad y la densidad del agua superficial, lo que dificulta su hundimiento y ralentiza toda la circulación. Los modelos climáticos del IPCC proyectan un debilitamiento adicional a lo largo del siglo XXI, aunque existe un debate activo sobre si podría producirse un colapso completo.
¿Qué consecuencias tendría un colapso?
Un colapso de la AMOC, aunque considerado un escenario de baja probabilidad, tendría efectos dramáticos: enfriamiento severo del norte de Europa (hasta 5-10 °C), alteración de los monzones tropicales, aumento acelerado del nivel del mar en las costas atlánticas europeas y americanas, reducción de la capacidad oceánica de captura de carbono y desplazamiento de las zonas de precipitación que alimentan los cultivos en África y Sudamérica. Para España, implicaría cambios significativos en los patrones de precipitación y temperatura, especialmente en la cornisa cantábrica.