¿Qué es la criosfera?
La criosfera comprende todas las regiones de la Tierra donde el agua se encuentra en estado sólido de forma estacional o permanente. Incluye los grandes casquetes polares de Groenlandia y la Antártida, los glaciares de montaña, la banquisa (hielo marino) del Ártico y el océano Austral, el permafrost de las regiones boreales y de alta montaña, la nieve estacional que cubre vastas extensiones del hemisferio norte en invierno, y el hielo de ríos y lagos. En conjunto, la criosfera almacena aproximadamente el 69 % del agua dulce del planeta y ejerce una influencia determinante sobre el clima global.
Papel en el sistema climático
La criosfera regula el clima a través de varios mecanismos. El más importante es el efecto albedo: la nieve y el hielo reflejan entre el 50 y el 90 % de la radiación solar, enfriando el planeta. Cuando la criosfera se reduce por el calentamiento, la superficie oscura expuesta absorbe más radiación, acelerando el calentamiento en un bucle de retroalimentación positiva. Además, la formación y fusión de hielo marino influyen en la circulación oceánica: cuando el agua se congela, expulsa sal, aumentando la densidad del agua circundante y favoreciendo la formación de aguas profundas que impulsan la circulación termohalina.
Cambios observados y proyecciones
La criosfera es el componente del sistema climático que está respondiendo más rápidamente al calentamiento global. El hielo marino del Ártico ha perdido más del 40 % de su extensión mínima estival desde 1979. Los glaciares de montaña de todo el mundo retroceden a ritmos sin precedentes. El permafrost siberiano y canadiense se descongela progresivamente, liberando metano y CO2 almacenados durante milenios. Los casquetes de Groenlandia y la Antártida occidental pierden masa a tasas que se aceleran década a década, contribuyendo al ascenso del nivel del mar.
La criosfera en España
Aunque España no es un país de grandes masas de hielo, la criosfera tiene presencia significativa en su territorio. Los glaciares pirenaicos, aunque residuales, son los más meridionales de Europa. La nieve estacional cubre las principales cordilleras (Pirineos, Sierra Nevada, Cantábrica, Sistema Central, Sistema Ibérico) y constituye una reserva hídrica esencial: hasta un 30 % del caudal anual de ríos como el Ebro proviene del deshielo primaveral. El permafrost de alta montaña existe por encima de los 2600-2800 m en los Pirineos y en las cumbres de Sierra Nevada, y su degradación afecta a la estabilidad de las laderas.