¿Qué es una anomalía térmica negativa?
Una anomalía térmica negativa se produce cuando la temperatura registrada queda por debajo del valor medio climatológico de referencia. Si la media de enero en Burgos es de 3,2 °C y un enero concreto registra 0,5 °C, la anomalía es de -2,7 °C. Las anomalías negativas indican condiciones más frías de lo normal. Aunque son menos frecuentes que las positivas en el contexto del calentamiento global actual, siguen ocurriendo y pueden ser muy intensas en episodios específicos.
Mecanismos generadores
Las anomalías negativas se producen por irrupciones de masas de aire frío de origen polar o ártico (advección fría), por enfriamiento radiativo intenso bajo anticiclones en invierno (cielos despejados, noches largas, viento en calma), o por bloqueos atmosféricos que desvían el flujo zonal y permiten que el aire frío continental se estanque sobre una región durante días o semanas. En España, las anomalías negativas más extremas se asocian a coladas de aire ártico canalizadas entre un anticiclón atlántico y una borrasca en el Mediterráneo, como la que produjo la nevada histórica de Filomena en enero de 2021.
Consecuencias e impactos
Las anomalías térmicas negativas afectan especialmente a la agricultura, con heladas que dañan cultivos sensibles como frutales en flor, viñedos y hortalizas. En ganadería, el frío extremo aumenta la mortalidad de los animales al aire libre. En infraestructuras, las temperaturas muy bajas causan congelación de tuberías, rotura de pavimentos y problemas en redes de transporte. En salud, aumentan los casos de hipotermia y exacerbaciones de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Contexto climático actual
Aunque el calentamiento global ha reducido la frecuencia de las anomalías negativas extremas, estas no han desaparecido. Los mecanismos de circulación atmosférica que las producen (bloqueos, perturbaciones del vórtice polar, calentamientos súbitos estratosféricos) siguen activos. De hecho, algunos estudios sugieren que el calentamiento del Ártico puede debilitar el vórtice polar, permitiendo más irrupciones de aire frío hacia latitudes medias en ciertos patrones. La clave es que las anomalías negativas son ahora menos intensas y duraderas de lo que serían sin el calentamiento de fondo.