¿Qué es el cielo cubierto?
El cielo cubierto, denominado overcast en inglés y codificado como OVC en informes METAR, describe un cielo donde las nubes cubren 8 octas, es decir, la totalidad de la bóveda celeste visible. No hay claros de cielo azul y la luz solar es difusa, filtrada a través de la capa nubosa. Es la situación de máxima nubosidad en la escala de observación.
El cielo cubierto puede estar compuesto por una sola capa nubosa espesa (nimboestratos, estratos gruesos) o por múltiples capas superpuestas que, en conjunto, cubren todo el cielo aunque individualmente tengan claros.
¿Cómo se forma?
El cielo cubierto se asocia principalmente a situaciones sinópticas de ascenso generalizado del aire: frentes cálidos (que producen capas extensas de nimboestratos y altoestratos), borrascas atlánticas (con sucesión de bandas nubosas), y advecciones de aire húmedo sobre superficie más fría.
En el clima oceánico del norte de España, los cielos cubiertos son muy frecuentes, especialmente en otoño e invierno, cuando las borrascas atlánticas se suceden con regularidad. En la Meseta, los cielos cubiertos de estratos bajos son habituales en invierno por inversiones térmicas.
¿Por qué es importante?
El cielo cubierto tiene efectos significativos sobre la temperatura: reduce la amplitud térmica diaria al bloquear la radiación solar directa durante el día (efecto enfriamiento) y atrapar la radiación infrarroja terrestre por la noche (efecto invernadero). Los días cubiertos son más frescos que los despejados en verano, pero más templados en invierno nocturno.
Para la energía solar, un cielo cubierto reduce la producción fotovoltaica al 10-30 % de su capacidad nominal, ya que solo llega radiación difusa. Para el estado de ánimo, los cielos cubiertos prolongados se asocian con el trastorno afectivo estacional.
Ejemplos prácticos
- Invierno en Bilbao: el cielo cubierto de estratos bajos y nimboestratos es la condición predominante durante semanas consecutivas, con temperaturas suaves pero llovizna frecuente.
- Inversión en la Meseta: en enero, una inversión térmica puede mantener un cielo cubierto de estratos a 300-500 m sobre Valladolid durante días, mientras en las montañas circundantes brilla el sol.