¿Qué es una ola de frío extremo?
Una ola de frío extremo va más allá de una ola de frío convencional: es un episodio en el que las temperaturas caen a valores excepcionales o históricos durante varios días consecutivos sobre una amplia región. Mientras AEMET define una ola de frío cuando las temperaturas mínimas están por debajo del percentil 5 en al menos un 10 % de las estaciones durante tres días seguidos, una ola de frío extremo supera ampliamente estos umbrales, alcanzando valores que se registran una vez cada varias décadas.
Estos episodios son los responsables de los récords históricos de temperatura mínima. La ola de frío extremo de febrero de 1956 llevó el termómetro a -32 °C en el lago de Estangento (Lleida). Más recientemente, Filomena (enero 2021) dejó -25,4 °C en Molina de Aragón y paralizó media España con nevadas históricas.
¿Cómo se produce?
Las olas de frío extremo se originan por una desestabilización del vórtice polar. Cuando el vórtice polar estratosférico se debilita (a menudo por un calentamiento súbito estratosférico, o SSW), la corriente en chorro se ondula profundamente hacia el sur, permitiendo que masas de aire ártico continental (-30 a -40 °C en origen) desciendan hasta latitudes inusualmente bajas.
En la Península Ibérica, las configuraciones más extremas implican advección de aire ártico continental desde Escandinavia o Rusia, canalizado por una dorsal sobre el Atlántico norte que obliga al aire frío a descender por el este de Europa y el Mediterráneo. Si el suelo está cubierto de nieve (como ocurrió tras Filomena), el efecto albedo amplifica el enfriamiento nocturno, produciendo heladas de -15 a -25 °C en mesetas y valles interiores.
La persistencia es clave: el anticiclón frío de superficie que acompaña a la masa de aire ártico genera cielos despejados por la noche, favoreciendo la pérdida radiativa y las inversiones térmicas extremas en valles y depresiones.
¿Por qué es importante?
Las olas de frío extremo tienen impactos severos y multisectoriales. En España, cada episodio causa un aumento significativo de la mortalidad (especialmente en personas mayores), rotura de tuberías y cortes de suministro de agua, daños en cultivos (heladas que destruyen cosechas de cítricos, olivos en flor y viñedos), paralización del transporte por hielo en carreteras y colapso de estructuras por acumulación de nieve.
La ola de frío de Filomena (2021) causó más de 4.000 millones de euros en daños, con Madrid paralizada durante más de una semana. El riesgo de olas de frío extremo no desaparece con el cambio climático: paradójicamente, el debilitamiento del vórtice polar por el calentamiento del Ártico puede favorecer irrupciones de aire frío más profundas hacia latitudes medias.